La desigualdad oculta entre la educación pública y concertada en España

 La desigualdad oculta entre la educación pública y concertada en España


La educación española arrastra una brecha silenciosa que, sin embargo, nos coloca en el primer puesto de la OCDE, somos el país donde más se difiere el perfil socioeconómico del alumnado entre la escuela pública y la concertada.

Según  el análisis de Save the Children basado en los últimos datos del informe PISA, la diferencia en el índice ISEC —que mide el estatus económico, social y cultural de las familias— alcanza en España los 0,48 puntos a favor de la concertada, la cifra más alta de todo el mundo desarrollado.

Esta desigualdad no surge por casualidad. Aunque la ley establece que las aportaciones familiares a los centros concertados deben ser voluntarias y destinadas solo a actividades complementarias, en la práctica ocurre lo contrario. Entre el 81% y el 95% del alumnado paga cuotas que oscilan entre 680 y 860 euros anuales, según Esade. Un coste que, aunque no figure como obligatorio, actúa como filtro económico y termina configurando centros con un alumnado más acomodado. De hecho, casi el 70% de los colegios concertados ni siquiera informa a las familias de que esas cuotas pueden no pagarse.

El contraste con Portugal resulta especialmente revelador. Allí, el modelo funciona al revés: la concertada acoge a estudiantes de menor nivel socioeconómico porque se utiliza para cubrir zonas donde la pública no llega. Son centros gratuitos, financiados por el Estado, ubicados en municipios pequeños o áreas desfavorecidas. El resultado es que la diferencia en el perfil del alumnado favorece a la pública, no a la concertada.

Otros países muestran dinámicas distintas. En Reino Unido y Países Bajos, donde más del 65% del alumnado estudia en centros concertados, la brecha socioeconómica es mínima o inexistente. En estos casos, la financiación pública está garantizada y no se permiten cuotas familiares, lo que evita la segregación por nivel de renta.

El caso español, por tanto, no es una consecuencia inevitable del modelo concertado, sino del modo en que se regula y financia. Las cuotas encubiertas, la falta de control y la ausencia de mecanismos que garanticen la igualdad de acceso han convertido a la concertada en un espacio donde se concentra el alumnado de familias con mayor capacidad económica. Y esto tiene efectos profundos: segmenta a los estudiantes desde edades tempranas, limita la diversidad en las aulas y reproduce desigualdades que luego se arrastran a lo largo de la vida.




Enlace: grafico-brecha-educacion-OCDE.png (1500×1576)


Hecho por Sara Sánchez López - Mancebo

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